Ozymandias
Unas palabras sobre "ICEMAN", de Drake.
Volvió Drake, aunque en realidad nunca se fue a ningún lado, pero ahora volvió de una manera más formal. Golpeado, herido, cojeando y con su imperio en pleno colapso. Pero volvió de todos modos, y a lo grande.
Para aquellos que viven en un raviol, Drake vuelve de lo que fue el beef más importante en la historia del Hip-Hop contra su contemporáneo Kendrick Lamar. Creo que a esta altura la mayoría ya se sabe la historia, pero creo que es necesario recapitular: Drake y Kendrick Lamar emergieron a fines de los 2000 e inicios de los 2010 y saltaron al estrellato con música que rompió esquemas no solo dentro del ecosistema del Hip-Hop sino que también de la cultura popular anglosajona en general. Durante más de diez años hubo rumores de animosidad y competencia que fueron negados reiteradas veces. En esos diez años, Drake se convirtió en el rapero más popular del mundo. Kendrick también tuvo su éxito, más crítico que comercial, pero no se comparaba al de Drake, cuyo star power era suficiente como para hacer que todo lo que tocara se convirtiera en un certificado de platino. En 2024, Kendrick sacudió a toda la escena y los rumores del beef fueron confirmados. Lo que siguió fue monumental: una guerra de tiraderas que incluyó acusaciones totalmente insólitas para dos artistas tan mainstream. Fue turbio y hermoso, y el que haya estado en Twitter cuando sucedió me entenderá.
El veredicto fue casi unánime: Kendrick Lamar ganó la batalla gracias a una serie de diss tracks totalmente impredecibles, exhilarantes y muy distintos entre sí, coronando con el mega éxito de Not Like Us, donde acusa a Drake de colonizador, garca y robacunas. Rompió récords en streaming y ganó el Grammy a canción y grabación del año. El californiano volvió a coronar nuevamente con el lanzamiento del disco GNX, una performance en el Super Bowl y una gira mundial que se cubrió en este mismo newsletter. Pero mientras Kendrick disfrutaba de los frutos de su victoria, Drake ya craneaba su venganza.
Aunque no lo parezca, Drake nunca se recluyó ni se llamó al silencio después del beef. Apenas tres meses después de que bajaran los humos, lanzó el EP 100 GIGS, en febrero de 2025 lanzó $ome $exy $ongs 4 U en colaboración con su protegido PARTYNEXTDOOR, e hizo unos cuantos feats en canciones de otros artistas. Si bien Drake no se fue a ningún lado y a la canción Nokia le fue bastante bien, no bastó como para mitigar el daño.
Equivocados todos los que dieron por muerto al 6ix God. Durante el último año y medio anduvo no solo anticipando un álbum llamado ICEMAN, su última bala, sino que también estuvo construyendo un contrarrelato potenciado por comunicadores, influencers, streamers y “stan accounts” que ponían a Drake como ganador del beef pero al mismo tiempo como víctima de una industria musical que lo quiere poner en una “lista negra”. Según ellos, la (ahora desestimada) denuncia que hizo hacia Universal Music Group (UMG) por Not Like Us en realidad no era por difamación, sino para luchar contra un sistema que perjudica a los pequeños artistas a través de la utilización de bots para farmear streams (algo de lo que a él también se lo ha acusado). Además de eso, tuvo a medios y comunicadores como Rory & Mal, DJ Akademiks y DJ Whoo Kid operando para él y planteando que la ausencia del Hip-Hop en el Top 40 de Billboard en 2025/26 se debe a la ausencia del canadiense. Cuentas de Twitter como CertifiedJared se encargaron de divulgar desinformación, fake news, rage bait y revisionismo hacia Kendrick para enaltecer la figura de Drake. Si todo esto les suena como sacado del manual de estrategias de redes de las nuevas derechas, entonces la asociación de Drake con figuras de la “manosfera” como Adin Ross, la adhesión de Lil Wayne y Nicki Minaj al movimiento MAGA y este posteo reciente de la cuenta oficial de la Casa Blanca pueden servir como un indicio.
El viernes 15 de mayo, la espera terminó. Drake volvió con ICEMAN y, a modo de sorpresa, con dos discos más: HABIBTI y MAID OF HONOUR. Uno es puramente RnB y el otro es más bolichero y electrónico (Zecca, uno de los arquitectos del sonido del mainstream contemporáneo argentino, tiene 10 créditos de productor). Drake no solo decidió seguir con su metodología de saturación para mantenerse en las listas (y esta vez para supuestamente liberarse de su contrato con Universal), decidió profundizar. Digerir 40 canciones nuevas y escribir una opinión toma demasiado tiempo, así que esta nota se dedicará exclusivamente a ICEMAN, el álbum que más debate ha generado. Sí voy a decir que, si bien hay algún que otro tema slop hecho para ocupar espacio en los tiranos algoritmos de Instagram y TikTok, hay ideas interesantes en HABIBTI y MAID OF HONOUR (Classic es, quizá, la mejor canción que hizo en años). La próxima vez, me gustaría verlo dedicarse más a este tipo de proyectos.
En ICEMAN, el plato principal, el morbo lo puede todo y Drake lo sabe: todos, fanáticos y detractores, queríamos saber qué iba a hacer o decir dos años después del bombazo de Kendrick. ¿Un batacazo inesperado? ¿Un hit que se equipare al impacto cultural de Not Like Us? Incluso la tapa, una mano con el guante blanco de Michael Jackson puesto, figura a la que reiteradas veces quiso asemejarse, es una forma de decir “acuérdense de quién soy”. Muchos dicen que, como ya pasaron dos años, debería soltar, sanar y hacer otra cosa. Es cierto. El tema es que Drake estuvo año y medio creando su propio relato contrapuesto al de Kendrick y no puede hacerse el tarado, mucho menos admitir derrota. Al mismo tiempo, es este mismo contrarrelato que estuvo construyendo el que lo pone en una posición muy complicada.
Drake es víctima de su propio relato. Hay canciones como Make Them Cry, Whisper My Name y Make Them Know donde hay destellos tanto de rencor como de sincera autorreflexión sobre lo que el post-beef dejó en él (“What died back in 2024 was a big piece / So it’s like, this shit is me, but it isn’t me / Y’all keep on asking me what it did to me, that’s what it did to me”), pero son momentos muy breves, porque quedarse en esa emoción significa admitir que le entraron todas las balas y ese es un riesgo que no puede correr.
Janice STFU es, en mi opinión, la mejor canción de todo el disco. Tiene un estribillo pegadizo y un muy buen verso dedicado a Kendrick, sobre su público y la autenticidad de su relación con la comunidad de Compton (“White kids listen to you ‘cause they feel some guilt and that’s how your soul gets fulfilled / Handin’ out turkeys on camera inside of your hood, then you go back to the hills / How many houses you build? / How many souls did you heal off the back of your deal?”). En Ran To Atlanta, refuta la acusación del colonizador volviendo a amigarse con Future, la misma persona que puso a Kendrick en Like That, la canción que encendió las llamas del beef. En 2 Hard 4 The Radio, Drake rapea en beats influenciados por el sonido de la Bay Area de California. Una interesante respuesta a Kendrick, que empleó ese mismo estilo en Not Like Us y GNX para afianzar su dominio e influencia sobre la escena de la Costa Oeste. Incluso la segunda mitad de la canción le hace ciertos guiños al beat de squabble up. Es una idea interesante en papel, el problema es la performance de Drake, donde se lo escucha incómodo y en momentos donde parece que se está peleando con el beat queriendo imitar el flow y cadencia de la región.
¡Son propuestas interesantes! ¿Por qué no se mandó por ahí en 2024? En ICEMAN está el mejor material que Drake hizo en mucho tiempo, pero el problema es el contexto en el que sale, cuando la historia ya fue escrita y la discusión ya fue saldada. Admito que tengo muchísima más preferencia por Kendrick (me considero un fanático de ambos), pero tampoco estoy interesado en escuchar a Drake admitir la derrota.
Considero que ambos artistas vienen de la última camada de raperos con “mitología”. Sus trabajos cuasi-autobiográficos construyeron una especie de “lore” alrededor de sus figuras. Si me preguntas a mí, Drake perdió el beef por una variedad de razones, pero una de ellas fue el hecho de que, con el paso del tiempo, su “mitología” se fue achatando. Su prolificidad impulsiva post-2016 dio a entender que poco quedaba de ese artista que años atrás contenía una complejidad emocional innovadora para el género. Los mejores momentos de Drake son cuando en sus canciones hay una mezcla de bravado, paranoia y vulnerabilidad. Por estas razones, If You’re Reading This It’s Too Late es, al día de hoy, su obra maestra. Lo que vemos ahora es una cáscara amarga y unidimensional; una marca, un producto que, bajo ninguna circunstancia, debe cambiar o desviarse hacia caminos que lo desafíen como artista.
Kendrick Lamar (quien, a su manera, también se ha convertido en un producto) nunca dejó de desafiarse y de, como lo definió Wesley Morris en su perfil para el New York Times, “ajustar cuentas consigo mismo”. Si bien sus discos abordan una variedad de temas ligados a las injusticias sistemáticas que enfrenta la comunidad negra, su estilo autobiográfico de contar historias también hace que su obra sea el retrato de un hombre que constantemente está cambiando y reflexionando sobre esos cambios. Drake dejó de reflexionar sobre sí mismo hace tiempo y por eso fue tan fácil para Kendrick exponerlo ante los ojos del mundo. No con “rap conciencia”, sino con lo que Morris define como “rap subconsciente”. En Meet The Grahams, Kendrick le hizo a Drake el ajuste de cuentas con su persona que siempre se negó a hacer.
De nuevo, no me interesa ver a Drake cabizbajo y admitiendo derrota, quiero ver cómo transita el post-beef y cómo se reconstruye a sí mismo, pero el tipo se niega. Todo esto hace que uno se pregunte si Drake en realidad se siente cómodo dentro de su propio relato. Yo creo que la respuesta probablemente sea sí, y es una de las razones por la que ha evolucionado poco y nada como artista en los últimos 10 años y, en consecuencia, tenés canciones como Dust, Burning Bridges, B’s On the Table y Make Them Remember donde parece estar perpetuamente atrapado en 2024, chicaneando a A$AP Rocky por haber formado una familia con Rihanna (???), mencionando el genocidio en Palestina con el único objetivo de increpar a DJ Khaled y siguiéndola con el relato de que la industria lo quiere tirar abajo a él y a otros artistas (“I’m fighting the man, not suing the rapper/You boys is not listening”). Make Them Remember es el tema que mejor encapsula todas estas fallas: 5 minutos de Drake rapeando sobre el típico beat downtempo que encontrás en cualquiera de sus discos anteriores, con barras que van de ingeniosas y normalitas a fondo de olla total (“Is it the fair skin or the Jewish roots? / Why people wanna not see (nazi) me on top of the mountain like I do the Dew”).
El título original de esta nota iba a ser La tienda de camarones, en referencia al episodio “The Comeback” de Seinfeld en el que George Costanza, tras ser descansado por un compañero de trabajo por comer demasiados camarones (”Hey George, the ocean called; they’re running out of shrimp”), se empecina durante días en pensar en una respuesta a pesar de que ya es demasiado tarde (”Well, the Jerk Store called, and they’re running out of you”). A Drake le sucede lo mismo con ICEMAN, pero cuando uno considera el nivel de importancia y hegemonía que ha tenido en el Hip-Hop durante casi dos décadas y cómo esa hegemonía ha estado colapsando en estos últimos dos años siento que, más que un George Costanza, Drake se está encaminado en ser el Ozymandias del Rap. El soneto de P.B. Shelley describe la derruida estatua de Ozymandias, un “rey de reyes” que alardeaba sobre sus “obras”; ahora, alrededor de dicha estatua ya no quedaba un imperio, solamente “solitarias y llanas arenas”. Lo más probable es que ICEMAN venderá bien, tendrá defensores acérrimos y le bastará a Drake como para tirar un par de años más, la pregunta es si en algún momento dará el batacazo o si dentro de unos años, cuando este sistema termine de colapsar y se vaya todo a la reverenda mierda, lo único que quedará del 6ix God serán dos piernas erguidas y un rostro hecho pedazos, semihundido en la arena.




